Eurocopa 2012: Crónica del Alemania - Grecia

Alemania golpeó a la insurrecta Grecia, que hizo dos goles sin crear ocasiones, pero no pudo sostener el poder bávaro

Khedira fusila el 2-1 ante Grecia para Alemania. Foto:twitter.com
Khedira fusila el 2-1 ante Grecia para Alemania. Foto:twitter.com

Alemania ganó a Grecia (4-2) en su partido de cuartos de final de la Eurocopa 2012 y reafirma el favoritismo que le otorga William Hill en las cotizaciones de cara a ser el campeón final en Kiev, en una final a la que no puede faltar el que es hoy en día y sin duda, el mejor equipo de Europa.

De inicio, Joaquim Löw sorprendió con una alineación en la que cambió todo su frente de ataque menos a Özil. Para el técnico alemán los artilleros pueden cambiar, pero el hombre que dirige las máquinas no. Mario Gómez cedió su puesto en el once titular a Klose, el hombre que ha liderado el ataque alemán en las últimas grandes citas y que no quiso perder su oportunidad de anotar, aunque fuera el último tanto. Por las bandas, en lugar de Podolski y Müller, entraron Reus y Schürrle. La estrategia de Löw parecía anunciar la utilización de su segunda unidad para reservarse a los cuerpos de élite para los rivales de élite. Grecia, testaruda, corajuda y siempre peligrosa, no suponía la mayor de las amenazas para el entrenador bávaro, así que después de exprimir a su equipo en el “Grupo de la Muerte” del que salió tan campante y silbando como quien se da un paseo por Berlín, (con tres victorias), el cruce contra los helenos parecía una transición.

Si lo que pretendía era dar descanso a los hombres protagonistas del gol en esta Eurocopa 2012, lo que consiguió es aterrorizar a Europa y por consiguiente a los equipos que quedan vivos porque parece que estos asesinos de segunda línea quieren más sangre que los primeros.

En la primera parte Alemania llegó por todos los flancos y a medida que Grecia se acurrucaba, aprovechaba para acumular más y más hombres en las inmediaciones del área. Cada centro al corazón del área era como una liebre suelta en medio de una jauría de lobos hambrientos. Alemania llegaba con dos, tres y hasta cuatro hombres al área. Si los griegos habían decidido meter a sus interiores de laterales y a sus pivotes de centrales, la Mannschaft tenía el plan de meterle los laterales en los costados como dos cuchillos, los tres delanteros arriba para el remate y aprovechaba para descolgar sus pivotes como arietes y llegadores en segunda línea. Khedira se gustó y dio un recital como llegador. (No se me ocurre que medio español podría hacer esto).

Las comparaciones son odiosas, pero mientras España aprovecha para cazar mariposas y pintar bellos cuadros desde la colina donde se ve la ladera plagada de cobardes soldados rivales, Alemania se abalanza sobre ellos como lava. Los fagocita.

Grecia tuvo toda la dosis de fortuna que un entrenador rácano y miserable tiene que subrayar y fijar con mayúsculas en su pizarra mientras amontona fichas del color del equipaje de los suyos en el área propia. Reus y Schürrle no pudieron impactar bien varios remates por el deficiente estado del terreno de juego. (Deficiente es una forma de decir patético con la que no cebarse con la organización de tan magno evento).

Las ocasiones llegaban por todos los costados y de todos los colores, y hasta los griegos tuvieron que recurrir a lindar en el reglamento, (por seguir suaves), a la hora de defender dentro de su área las hordas bávaras. Özil contó con otra ocasión clarísima que tiró blandita y al centro. En realidad, el media punta del Real Madrid es quien más se parece a los jugadores españoles. La toca que da gusto pero no le pega por no pedirle perdón después. La principal diferencia es que Özil toca, y el resto le tiran desmarques de ruptura para romperla. En España todos tocan música celestial y se regalan los oídos. Nos recreamos en el medio y se nos olvida el fin. En Alemania todas las frases se acaban.

Con los helenos atrincherados, bajo los palos, casi pidiendo clemencia de rodillas, y con un solo hombre en punta como quien trata de colarse en la cola del supermercado, tímido pero molesto. Salpingidis podría haber protagonizado la segunda entrega de Náufrago perfectamente.

Sin enlazar una contra, sin presionar un balón y qué decir tiene, sin disparar ni con pistolas de agua, Grecia se aferraba a uno de estos milagros de cada día, como los que le dieron al Chelsea la Copa de Europa. Pero esto no era el errático Fútbol Club Barcelona ni el nervioso Bayern. Los alemanes no venían a hacer prisioneros.

Acabando la primera parte, el latera izquierdo, cuya pierna buena es la diestra, condujo hasta donde le pareció bien, sin más oposición que las miradas griegas que buscaban excusas para seguir retrocediendo. Con media Grecia aculada en Atenas, Lahm se perfiló para pegarle con su pierna derecha y saltó los cerrojos de la meta de Torossidis, a quien ningún ilustrado antepasado le había reservado el papel de héroe mitológico para esta noche. Además de mucha suerte, para ganar un partido o una eliminatoria con el planteamiento de Grecia, hace falta que tu porteros sea un Dios o un Semi-Dios y tus delanteros metan todo lo que pase por allí. Conste, que los chicos de arriba, cumplieron por dos con su labor. Como dijo Löw a posteriori, "Grecia tuvo una ocasión y metió dos goles".

El guion del acierto lo tenía bien aprendido el equipo de Santos, pero les faltó defensa, (o les sobró rival).

Nada más reanudarse la segunda parte, Samaras completó ese milagro nuestro de todos los días que es tan difícil de explicar. Estadísticamente imposible y que va contra toda razón, pero que el fútbol permite a través de sus caminos, que como los de El Señor, son inescrutables.

Grecia empató y media Europa empezó a frotarse las manos pensando en los milagros de 2004. Pero a Alemania no le van estos cuentos. Cogió el toro por los cuernos y las milongas de que un partido con unas estadísticas de un equipo de balonmano contra un ejercicio de gimnasia artística de un luchador de Sumo valgan lo mismo en un marcador de fútbol y sacudió fuerte al insurrecto heleno.

Como el marcador no le daba la razón, la Mannschaft agarró de la solapa a su rival y se dedicó a atizarle con fuerza y repetidamente. Khedira entró en el corazón del área helena como un elefante en una cacharrería y desmontó el sistema defensivo por las bravas. Con una volea de una violencia singular. La capacidad de respuesta griega tocaba fondo mientras Merkel celebraba los goles como una quinceañera en el palco.

Alemania estaba furiosa porque no le gustan las injusticias, y volvió a pegar 5 minutos después. Klose puso el tercero para cerrar las dudas y Reus marcó el cuarto porque las cosas en Alemania se hacen así. Cosas bien hechas. Cosas bien acabadas. Ni las cenizas de los insurrectos griegos quedaban en Gdansk, cuando un penalti en el último minuto y ya con el león alemán en retirada, saciado de sangre, acabó por soltar un manotazo y maquillar el marcador.

4-2 que deja bien a las claras que para acabar con los griegos hacía falta una fuerza superior, y que esa fuerza existe y habla alemán.

Alemania cotiza a la baja y sigue siendo un valor seguro. 2.75 en William Hill a que es campeona del torneo. Le faltan dos escalones y está dispuesta a subirlos, si hace falta de un salto. Hay equipos buenos y quedan batallas duras por disputar. Pero los argumentos se acaban ante la fuerza, la contundencia y el gol alemán.

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